sábado, 22 de mayo de 2010

Érase otra vez

Las amapolas me siguen donde quiera que voy. Se sienten en el gusto de los trozos de pan, me crecen en la almohada, se cuelan en la tina.

Cuando me corto con una hoja, sus cuellos se alargan y empiezan a mecerse.
Murmuran "Papaver hybridum".
Murmuran "mestiza"

Yo les saco la lengua, les muestro los dientes, les enseño cuánto me gusta la leche. No soy amapola.

Soy perfecta, no tengo malos pensamientos, no miento. Jamás he sentido rabia, jamás tuve una obsesión, ni me encapriché con cosas absurdas.

Mi sangre palidisima como un suspiro, tan translúcida podría ser habitada por peces.

Pero las infames, abren mis cajones, se visten con mis encajes e insisten que no existe alguien así.

"Venenum" "Papaver somniferum"

Érase una vez obsesiva, herida.
Érase una vez embustera.

Érase una vez una naturaleza borgoña, innegable.

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